«Ouroboros», Melchior Lechter

Caminos que se entrecruzan

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El 18 de agosto de 2010 fue presentado el primer número de Cuadrivio en el Foro Cultural Casa Hilvana. Julián Meza (1944-2012) fue el invitado especial. Reproducimos a continuación su discurso, que condensa con emotiva precisión lo que es nuestra revista: un cruce de caminos donde se encuentran las artes y las ciencias, la tecnología y la sensibilidad.


Julián Meza

Como seguramente saben, junto con el trivio (gramática, retórica y dialéctica), el cuadrivio es una voz que remite a las cuatro artes liberales que se impartían en los centros de enseñanza de Europa en tiempos de la primera Edad Media (la segunda está por llegar). Estas artes eran la aritmética, la música, la geometría y la astrología o la astronomía. En su conjunto eran la expresión del conocimiento en el que la ciencia y el arte no estaban separadas, aunque sí estrechamente vigiladas por la policía religiosa. Octavio Paz tituló Cuadrivio uno de sus libros, en donde el cuarteto de personajes de los que se ocupa no son científicos, sino poetas: Rubén Darío, Ramón López Velarde, Fernando Pessoa y Luis Cernuda. Obviamente estos cuatro poetas son representaciones de la sensibilidad, pero su obra está hermanada con el pensamiento. Su poesía es, como la música, matemática. Al igual que ocurre en el campo de la ciencia, su capacidad de ruptura hace de ellos críticos. Finalmente, no hay ningún terreno de la creación que no guarde alguna relación con otros –aun con aquellos que parecen muy distantes. Todo gran poeta es, a su manera, no sólo un gran artista, sino también, por ejemplo, un gran matemático. Lo mismo ocurre con los grandes músicos, los grandes novelistas, los grandes pintores, los grandes ensayistas.

 Por todo lo anterior me parece un enorme acierto haber puesto por título a la revista que hoy presentamos Cuadrivio. Pero hay otras razones, y es de las que quiero hablar. Hacer una revista electrónica que se llame así no es un sinsentido ni un contrasentido, sino un verdadero acierto, pues se trata de poner al servicio de la creación otra gran creación: la tecnología. Contrariamente a quienes creen que la ciencia y la tecnología son enemigas de la literatura y el arte, a mí me parece que son sus aliadas. Eso sí, a condición de que haya inteligencias y sensibilidades que así lo crean y practiquen esas alianzas. Sin lugar a dudas, ciencia y tecnología pueden ser enemigas de la humanidad, pero a lo largo de su larga historia también han sido sus aliadas, sus socias, sus cómplices. Esto es evidente en el pensamiento de los presocráticos, que no eran filósofos ni científicos sino sabios curiosos, sensibles y pensantes. Algunos de sus enemigos –los primeros tratadólogos– también tuvieron algo de esto, en particular Aristóteles, pero no el señor Platón, que arrojó a los poetas de su República, y con el tiempo esta idea de exiliar al poeta se convirtió en una costumbre, que es nuestra, y de manera más enfática. Salvo contadas excepciones, los poderosos no leen a Cervantes. Menos aún a Shakespeare, a Dante, a Maquiavelo o a Montaigne. Bueno, ni siquiera a Fouché. Los gobernantes de hoy son fracasados técnicos del poder, especialistas en producir desempleo crónico, guerras de las galaxias antinarcóticos y otras sandeces por el estilo.

 Ciencia y técnica han sido puestas al servicio del pensamiento y el arte desde los primeros tiempos del hombre. Así lo demuestran pinturas rupestres y monumentos megalíticos. Esas pinturas y monumentos son una representación de la sensibilidad y la inteligencia. Expresan sensibilidad por la manera como sus creadores percibieron el mundo, y manifiestan inteligencia por los recursos técnicos que utilizaron para expresar esa percepción que es, al mismo tiempo, mágica, religiosa y artística. El Partenón es una obra de arte cuya construcción es también un desafío científico y técnico. Lo mismo se puede decir del Panteón y del Coliseo romanos, de las catedrales románicas y góticas. En todo ello hay cuadrivio: arte y ciencia.

La imprenta de Gutenberg es una revolución científica y técnica, puesta al servicio de las letras y el pensamiento, que todavía hoy nos acompaña, aunque los tipos móviles se hayan convertido en obra de los linotipos y hoy de las computadoras. La discusión sobre si el papel impreso aún tiene vida, o no, es una discusión absurda. Siempre habrá papel impreso, aun cuando se multipliquen las maquinitas para leer que puedan contener millones de volúmenes que no pasen por la imprenta.

La ciencia no pone en peligro la creatividad porque ella misma es creatividad. Sólo es peligrosa cuando está al servicio de la destrucción, como ha ocurrido con frecuencia a lo largo de los últimos doscientos años, y cada vez de manera más acelerada en el transcurso de los últimos cincuenta años.

Celebro la aparición de Cuadrivio porque la percibo como un intento de restablecer los vínculos que han roto, por un lado, la falsa ciencia –por ejemplo, la económica– y la tecnología destructiva, y, por otro lado, el falso humanismo y la filosofía de pacotilla.

En el primer número de Cuadrivio se han dado cita arte literatura, poesía y pensamiento, y creo que la cita es puntual y acertada.

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